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30 años sin Don Luis. Buñuel, Lorca y Dalí, obsesiones compartidas

Artículo de la sección:

El Bartoleo

Luis Buñuel (1900-1983)

No es una coincidencia que los tres españoles más universales del siglo XX hayan compartido una adolescencia juntos. Si eras de provincia,  procedías de una familia acomodada y tus padres no pensaban en que faltar a misa era un pecado que se pagaba tostándose en el infierno, lo más seguro es que se pensara en la Residencia de Estudiantes de Madrid como el lugar ideal para que un muchacho viviera en la capital española mientras estudiaba en la universidad.

En la residencia no sólo se dormía y se comía. La Residencia era todo un centro del saber. A ella iban los sabios de la época a dictar conferencias. Se sabe que Freud, Einstein, Eisenstein, Miró, entre otros artistas y científicos eran visitantes asiduos. La totalidad de las conferencias se grabaron pero lamentablemente después de la guerra civil española el gobierno de Franco mandó a quemar este invaluable material de archivo.

Este lugar era el espacio perfecto para que tres espíritus iluminados se encontraran y se desarrollaran juntos. Mientras que García Lorca y Dalí desde muy chicos tenían definida su vocación, a Buñuel le costó más trabajo entender que era lo que quería hacer.

Lorca fue el primero en llegar. El elegante andaluz llegó a Madrid con el firme propósito de estudiar derecho. No pasaría mucho tiempo para que las peñas organizadas en los cafés, el contacto directo con Juan Ramón Jiménez y el ambiente cosmopolita que vivía España en la década del veinte descarriaran al muchacho. Lo de él no eran las leyes si no los versos. Su cuarto en la Residencia se convirtió en el lugar nocturno más popular de todo Madrid. Los que lo conocieron que su verdadero encanto no era como dramaturgo o poeta sino como persona. Era un portento, una maravilla de la naturaleza.

Después estaba el que llamaban El pintor checoslovaco. Un catalán de mirada desorbitada que se la pasaba todo el día encerrado en su cuarto pintando cuadros compulsivamente. Buñuel recuerda que no se podía entrar a la habitación sin pisar el reguero de lienzos que estaban en el suelo. A veces lograban sacarlo de allí y se lo llevaban al bar más cercano. Dalí era la imagen misma de la provocación. Tenía el pelo largo, los ojos saltones y llevaba todo el tiempo una bata blanca curtida de mugre. En los bares no faltaba quien lo insultara, detalle que le encantaba a Buñuel ya que le daba la excusa perfecta para liarse a golpes.

Y es que el aragonés era el polo opuesto de sus dos refinados compañeros. De biotipo grueso y tosco, Luis Buñuel había llegado a Madrid con el firme propósito de hacerse ingeniero agrónomo. Pero en las primeras semanas de estar en la universidad descubrió que lo suyo no eran los números. Al joven le encantaba el boxeo. Tuvo varias peleas con resultados desiguales. Los que lo conocieron en esa época decían que era medio cobardón, que solo era valiente en su imaginación. Después de perder un combate se replanteó su carrera boxística y empezó a tomarse en serio la posibilidad de ser escritor.

El contacto con Lorca, y con otros compañeros de la Residencia como Alberti o Pepin Bello hizo que en el joven aragonés se le despertara la inquietud de saber si tenía algo que decir o no. Pronto se daría cuenta de que a pesar de que no estaba desprovisto de talento, se encontraba a años luz de sus contemporáneos. Frustrado decidió intentarlo con el cine, algo que en esa época era más una curiosidad científica que un arte. Es así que en las escapadas fortuitas que hizo a París tomara contacto con Jean Epstein, cineasta con el cual empezaría a aprender la técnica necesaria para hacer películas.

La influencia en cada una de sus obras de esa juventud compartida es notoria. En La miel es más dulce que la sangre, el célebre cuadro de Dali, se ve un brazo de boxeador y un busco de Lorca tendido en el suelo. Mariana Pineda la inmortal obra de teatro de Lorca, fue corregida por el pintor y el cineasta en ciernes, mientras que el autor de El discreto encanto de la burguesía recolectó a lo largo de su obra una colección de chistes, anécdotas y situaciones sacadas directamente de sus años de residencia. Es tan visible esa influencia que después de ver El ángel exterminador Pepín Bello comentara intrigado de que como era posible que la gente del común pudiera entender esa colección de “Chistes Privados”. Su cine es toda una colección de recuerdos sacados de una época muy querida y añorada por Don Luis.

La influencia que ejercería Dalí sobre él fue tan fuerte que incluso en sus dos primeras películas, Un perro andaluz (Directa alusión al autor de La casa de Bernarda Alba) y La edad de oro trabajaría a cuatro manos con el artista catalán. En la primera, catalogada como un manifiesto surrealista, la armonía en el trabajo fue notoria. Parecían un solo cerebro. Entre los dos hicieron este “Desesperado llamado al asesinato” que escandalizaría al mundo entero. En La edad de oro, a pesar de que la mitad de las imágenes que se ven en la provocadora película salieron de la mente de Dalí, Buñuel se llevaría todos los créditos, lo cual, sumado a que Salvador comenzara su relación con Gala, llevaría a que los dos amigos se empezaran a alejar progresivamente.

Este alejamiento se convertía en ruptura definitiva cuando en plena guerra civil española, las fuerzas franquistas fusilaran y desaparecieran después a Federico García Lorca. La descarada adhesión de Dalí al general Francisco Franco y su posterior declaración de que cuando se enteró de que el poeta había muerto había exclamado “Olé” indignaron a Luis.

Se volverían a ver en Nueva York, en plena década del cuarenta. El autor de El enigma sin fin ya era un pintor reconocido mundialmente y multimillonario, mientras que Buñuel estaba pasando por su momento más crítico. Acababa de ser expulsado del MOMA víctima de la Caza de brujas adelantada por el senador Joseph McCarthy. Si bien se rieron y alcanzaron a desocupar varias botellas de champaña la amistad estaba rota. A pesar de que vivirían cuarenta años más nunca más volverían a verse. En su libro de memorias Buñuel escribiría todavía resentido “Cuando pienso en él, pese a todos los recuerdos de nuestra juventud, pese a la admiración que todavía me inspira hoy una parte de su obra, me es imposible perdonarle su exhibicionismo ferozmente egocéntrico, su cínica adhesión al franquismo y, sobre todo, su odio declarado a la amistad”.

Sin embargo, unos meses antes de su muerte, en febrero de 1983, el cineasta dijo públicamente que le encantaría tomarse una copa con su amigo antes de morir. Al cabo de los días Salvador Dalí contestaría con su satánico sentido del humor “A mi también… pero ya no bebo.”

Comentarios: (1)add comment

josefa castillo :

lorca
me encanta su amor a la naturaleza su amor a lo que s lo vivo sin duda lo mas hemosa que hay el universo y cada celula que en ella palpita
 
enero 14, 2014
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