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A esto llaman realidad colombiana

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Artículo de la sección:

Desgarro muscular

Tutulares sensacionalistas

Una señora dijo que iban con pistola. Pero no, tenían cada uno un puñal. El de la pistola era la víctima. Resistió, fue valiente. También pudo haber muerto. Al menos recibir una puñalada. Los atracadores saltaron de la buseta, corrieron hacia la oscuridad. A veces pienso en posibles escenas de una futura e improbable película: por ejemplo he tratado de incorporar al patinador semidesnudo viniendo desde lejos, zigzagueando en medio del boulevard Edgar Quinet en París, visto frente al cementerio hace dos inviernos. Esta pasará a ser una de ellas. Pura confusión a través de los vidrios sucios de una buseta. Con la mirada puesta en ese lugar, en la oscuridad quiero decir, todavía veo a la joven que daba pasos en el andén, es empujada en la fuga, da un grito o corre despavorida al ver el arma; más allá cae la luz blanquecina de una licorera o farmacia. Aunque estuve mirándolos hipnotizado no hay retrato hablado. Podría decir que ambos tenían el pelo al rape; edad estimada: entre 25 y 35 años; otras señas que puedan ayudar a resolver el caso: el más pequeño vestía pantalón y chaqueta de jean, con algunas cicatrices en la cabeza ahora que lo recuerdo; el otro lucía una chaqueta acolchada, negra, al igual que un canguro en la cintura. Agregaría que no parecían atracadores. Incluso subieron por delante, cada uno pagando su pasaje. Ahora es que me parece sospechoso que hayan optado por permanecer de pie, habiendo puestos libres, uno de ellos junto a una linda rubiecita, y además encarados, vigilando cada uno de su costado. Esto pudo haber ocurrido en la calle 53, sobre la avenida Séptima en Bogotá. Nuestro héroe quiso perseguirlos, la mano firme y con su guante nueve milímetros. Lo vi de espalda, un segundo. Al volver parecía agitado. Hizo el ademán propio de quien guarda un arma en la cintura. Enseguida respondió varios interrogantes de la señora que dijo que iban armados; también dijo muerta de risa que el mundo era mucho mejor sin celulares, a lo cual un pasajero muy sabio replicó desde el fondo que «de no robar celulares robarían billeteras», él mismo había sido víctima de un carterista hacía unos días. La víctima sonreía, tampoco nos hizo ningún reproche como suele ser el caso. Nadie le preguntó por qué tenía una pistola estando prohibido el porte de armas en la ciudad. Limpié mis gafas, aliviado, tenía la frente empapada y principios de náusea. La buseta continuó hacia Hospital Simón Bolívar.

*

El episodio merecía un tratamiento de noticia. Es decir, reconstruir la escena, hacer una descripción cronológica de los hechos, entrelazar testimonios que presenten el punto de vista del pasajero y concluir con un párrafo quejumbroso. Algo así: «La ciudadanía se encuentra alarmada porque la percepción de seguridad mejoró según la Cámara de Comercio, pero esto que llaman la realidad colombiana desmiente cifras y estadísticas. El temor es palpable en ciertos sectores tenebrosos de nuestra gran urbe. En sus miradas hay miedo y suplica, una suplica ignorada por las autoridades respectivas. Seguiremos informando.»

Comentarios: (2)add comment

Lectora :

...
Escribe mas a menudo, soy fiel lectora de tus historias.
 
octubre 13, 2012
Votos: +0

Andrés :

...
Muy amable Lectora.
 
octubre 22, 2012
Votos: +0

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