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Ética y moral para no futbolistas

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Artículo de la sección:

Desgarro muscular

lavanderia francesia

Ah título más tramposo el que he puesto para atraer a mis lectores. Por supuesto que mi rabo de paja me impide hablar de ética y moral en propiedad. Se hablará, más bien, de un estúpido gol que representa una fortuna (teoría) y de un intento de robo de unos interiores femeninos (práctica).

Supongo que nadie está exento de cometer una trampa. Nadie. Carezco de argumentos sólidos, de paraguas teóricos. Tampoco pretendo enfrentar a los malos y los buenos en un duelo de perdedores. Ni siquiera pienso aclarar que hacer trampa está mal. Partamos del principio que tanto ustedes como yo ya lo sabemos, lo aceptamos e (in) cumplimos.

Ahora oigan lo que dijo Sergéi Dovlátov: “No estoy seguro de que en la existencia humana el crimen conduzca a remordimientos inevitables ni que las proezas sean recompensadas con la felicidad (…) Nuestras virtudes y vicios remontan a la superficie al contacto sutil de la vida”. Una frase literaria de trasfondo netamente filosófico. Se le ocurrió a un escritor ruso, alcohólico para más señas. Quizás Antanas Mockus, nuestro admirado profesor universitario, sea la excepción que confirma la regla. . Ahora camaradas, lo que hizo Thierry Henry frente a Irlanda vale, nada más y nada menos (y tristemente), unos diez millones de euros que la Federación francesa de fútbol había puesto sobre la mesa para conseguir la clasificación al mundial de Sudáfrica.

Aunque este escrito se encuentra anunciado como un “cursillo teórico- práctico”, en realidad es pura práctica y unas migajas de teoría. Análisis del caso. Hubo mano de Henry (trampa), el colegiado no la vio ni por las curvas (patología médica: ceguera sexual), entonces pidió consejo al juez de línea (eso se llama confianza desmedida), éste infeliz ni se entero de lo que había ocurrido en el área chica (el tipo debe tener miopía, glaucoma y hasta cataratas), los irlandeses protestaban aireados (rabia), no era para menos, Henry estaba por ahí queriendo que se lo comiera la tierra (sintiendo vergüenza). Al final los dos equipos se fueron al centro del terreno (de pura resignación). Y el período adicional se terminó (oír Héctor Lavoe). Henry iba de un lado al otro pidiendo disculpas (la voz de la consciencia). Yo no veo la injusticia (futbolística). ¿No es acaso un juego? No, no lo es. ¿Entonces? ¿La vida es distinta en un estadio? Debería serlo. Pero no. El fútbol es como la vida misma, cada día más vulgar. Irlanda peleó hasta donde pudo. Giovanni Trapattoni, el viejo zorro italiano que dirige el plantel verde, la tiene muy clara. Recojo unas declaraciones suyas entregadas a la prensa francesa: “Siempre se habla de fair play, pero en la realidad, el fair play no existe”. La FIFA se apegó al reglamento (capítulo cinco…).

Demos paso a la otra parte del cursillo y al desenlace correspondiente donde podrá vislumbrarse un poco de teoría barata. Me encontraba en la lavandería, lavando unas cobijas apestosas. Mientras esperaba distinguí unos calzones de pepitas dando vueltas en la máquina de secado. Quise arrancar la puerta y sustraer el preciado botín. Pero no lo hice. Días antes había robado un telescopio en una feria de antigüedades. Esperé 30 años para tener un telescopio. Si mi progenitora me lo hubiese regalado cuando era niño seguro que ahora no estaría robando baratijas. Estaría observando la muerte de la estrellas en algún observatorio astronómico y no trabajando en un hotel parisino como recepcionista nocturno.

También he robado libros, un rollo de papel adhesivo que quita las motas de la ropa, varias botellas de vino en fiestas dudosas, más libros y diccionarios. Le robé a mi abuelo su muerte. Y a mi tía unos dólares. El prontuario es extenso. Por esto tuve fama de ladrón. Pero no era el único en la familia. De ahí que la culpa fuera compartida.

La dueña de los provocativos calzoncitos hizo su aparición en la lavandería, un perrito caminaba delante de ella. No era fea. No era bonita. Más bien rellenita. Como todas las mujeres embarazadas. El canino se acercó. Soy alérgico a muchas cosas, pero me gustan los perros y entonces acepté el juego. Se llamaba Flike. Se llama Flike, me dijo. La mujer me entregó la correa. Y luego extrajo la ropa del tambor a manotadas. De la nada cayeron en mis manos unas tangas enroscadas. Los interiores de pepitas reposaban en el suelo. La teórica indica que no hay que hacer trampa para obtener las cosas deseadas. A veces funciona. La teoría y la práctica agradecen su valioso tiempo, se llevan la mano al corazón y dicen adiós porque todo tiene su final (oír Héctor Lavoe). Ustedes creerán que me iré directo al infierno. Me iré cantando al infierno, como Orfeo.

Pd: Repito que no habrá novelita. Y qué mi Jurado. Diga pues.

Comentarios: (3)add comment

lala :

...
jajaja... está muy bueno
 
diciembre 09, 2009
Votos: +0

Suricato123 :

...
Todos los escritores rusos son, eran o fueron alcohólicos por definición...
 
diciembre 10, 2009
Votos: +0

japo :

diciembre 29, 2009
Votos: +0

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