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Con el León desde Bogotaires

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Hablemos en futbolero

Celebrando la septima estrella

Hace unos meses el Futbolólogo me compartió un video muy interesante sobre medios alternativos de prensa, el conferencista que era un argentino exiliado en España comenzaba la charla hablando sobre su experiencia como inmigrante y aseguraba que “No hay nada más horrible que tu equipo salga campeón de la liga, después de haberlo esperado durante mucho tiempo y tu estés lejos”. En ese momento con una risa socarrona en el rostro pensé: – Pobre pendejo! Ja!... lo que no me imaginaba es que un tiempo después esa misma historia me sucedería a mi.

Durante toda mi vida he escuchado toda clase de chistes y bromas tontas acerca de ser santafereño, comentarios como que el equipo huele a naftalina por la cantidad de viejitos en su hinchada, que hay que ser Highlander para verlo campeón, que tenemos el dedo chato de tanto señalar el campeonato, que está lleno de paquetes… en fin, el santafereño acepta estos chascarrillos, por que es bien conocida su austeridad y algo de tibieza pues rara vez llenan las graderías del estadio como se debe para acompañar al rojo, a diferencia de nuestro rival de patio que lleva cada vez más seguidores a la cancha así se hunda en el fondo de la tabla.

Pero, este semestre era diferente. Santafé sorteó con tranquilidad las primeras fechas y se mantuvo a la cabeza de la clasificación durante un buen tiempo, incluso en la fase final con los sobrevivientes mejores equipos del torneo. Reconozco que publicamente dije muchas veces que “siempre se nos quema el pan en la puerta del horno”, confiando en que en algún partido llegara un rival bien difícil como Tolima o Chicó y nos aguara la fiesta en los últimos minutos, como es usual. Si, yo tampoco le tenía fe al equipo, al igual que la mitad de los hinchas que ni nos ilusionamos por que no vale la pena que te bajen de la nube de esa forma tan horrible.

Pero, esta vez, no fue así. Pensar en jugar una final con un equipo al que ya le habíamos arrebatado una copa (así digan que es una copita de aguardiente), era de plano ponernos en la mentalidad del campeón. Ahí ya creció el nerviosismo recordando nuestra mala suerte que no tiene nada que ver con el garabato, simplemente es mala pata y recuerdo que en una conversación a la distancia cuando Andrés Rincón me decía “fresca que eso es papita pal loro”.

Buenos Aires, 15 de julio
7:00 PM, Bar Club Colombia

Llegó el día de la Gran final. Yo, que tendría que estar por derecho propio en el estadio, estaba a 4664 kilómetros en una fría Buenos Aires que ni se inmutaba por tan magno momento para la familia santafereña. Mis compañeros de Hinchapedia que cubrían esa noche en el Campín, son furibundos hinchas de Millonarios, pero sin embargo asistieron siendo muy leales a este medio y a su labor periodística, también me imagino que enviarían un poco de mala vibra que afortunadamente para nosotros no funcionó.

El bar del encuentro fue uno de los datos que llegó por Facebook, atendiendo el llamado de alguien que preguntaba en qué lugar se juntarían los santafereños. Club Colombia es un espacio en construcción que se inaugurará próximamente y pretende ser un punto de reunión de la gran comunidad colombiana en esta ciudad, que va en franco aumento cada día, es muy fácil pescar el acento en la calle, prácticamente se encuentra a un colombiano en casi cualquier parte, tanto que algunos ya la llaman Bogotaires. En este bar en Palermo Hollywood, una zona conocida por la rumba y los grandes boliches, nos dimos cita alrededor de 150 hinchas de Santafé intentando unir fuerzas para romper por fin con los 37 años de sequía que nos convirtieron en el hazmerreir del fútbol colombiano.

En el patio de la entrada algunos cachacos fumaban nerviosos ataviados con la camiseta que los ha acompañado en el estadio o que les regaló la novia antes de salir de casa. De pronto un par de jóvenes encendían un porro y el guarura del lugar les pidió que se retiraran a fumar fuera de las instalaciones del bar. Ellos salieron sin chistar y justo frente a la entrada con cada bocanada de humo comenzaban a entonar rítmicamente los cantos de la Guardia Albirroja, mientras iban de alguna manera construyendo toda una ambientación para la fiesta que se vendría luego.

Esa noche confluyeron personajes que bien pueden ser una muestra representativa de los diferentes sectores de la población colombiana. Desde el sobrino de Pepita Mendieta, pasando por el chapinerudo, hasta la ñanga que no para de cantar y brincar todo el partido siempre dándole la espalada a la cancha.

Estaba tan lleno que parecía un transmilenio, todos a la expectativa de lo que pudiera suceder, aguardando el momento preciso para abrazar al otro y llorar profundamente de dolor o de alegría.

Sorprendentemente no había nadie que pasara de los 35 años, “todos los viejitos en Bogotá de seguro se van a infartar esta noche” apuntaba jocosamente uno de los ansiosos asistentes. Con los primeros minutos del partido empezaron a llegar los improperios contra el árbitro, los jugadores del pasto, los mismos del Santafé y una que otra puya a los azules “…es para millos que nos mira por tv”. Nadie veía la hora en la que llegaran los goles que lograran garantizar que la misión cumplida, pero no llegaba, muchos tiros al arco y jugadas para gol, pero nada en concreto.

La gente hablaba de la posibilidad de definir el campeonato por tiros penales, como un infierno que nadie quería vivir en carne propia. “Esa es mucha paridera de piñas, prefiero que sea en los 90 minutos” aseguraba firmemente mientras mordía con ansiedad una esquina de la bandera roja y blanca que tenía enredada en sus manos. Así nos fuimos al segundo tiempo en medio de la sosobra.

Al minuto 71 llega el tan esperado gol de la victoria, Jonathan Copete se catapultó como nuestro libertador, el que terminó con 37 años de sequía. El grito de gol se prolongó por varios minutos y se escuchó en todos los rincones de la capital Argentina, como una melodía de orgullo y triunfo acompañada de lágrimas de felicidad y abrazos fraternales con desconocidos quienes como todos habían soñado con este momento un millón de veces desde la infancia.

Por fin llegaba la séptima estrella, hacia el minuto 89 todos comenzaron a abrazarse esperando el pitazo final del juez central. Creo que todos tardamos un buen tiempo en elaborar lo que había sucedido, fue increíble, el Deportivo Pasto fue un rival honorable y no la dejó fácil en ningún momento. Pero Santafé fue más grande y se hizo campeón de manera limpia sin comprar o amenazar a nadie, algo que tanto nuestro manipulado torneo y el país agradecen como acto de buena fe que refunde la patria. También llegamos sin mucho dinero y con jugadores como que ya acumulan varias temporadas en el plantel.

Ver la vuelta olímpica por tv es algo medio triste, porque cada uno de nosotros prefería haber presenciado esta maravillosa noche en el Campín, como debe ser. Los fuegos artificiales podían apreciarse en un plano general del estadio, las imágenes nos mostraban a otros que también estaban llenos de lágrimas y hablaban por teléfono celebrando con los que está lejos, como nosotros que tuvimos que salir de Bogotá para ver a nuestro equipo campeón, pero que desde este rincón del cono sur abrazamos a todos nuestros amigos de la hinchada cardenal y ya comenzamos a ilusionarnos con la octava estrella.

Hoy es grandioso ser del León y por una noche me sentí de nuevo en mi amada Bogotá.

Imagenes de la celebración en Buenos Aires

Fotos: Yira Barreto

Comentarios: (1)add comment

mr Alex :

...
Muy interesante experiencia que me hubiera gustado compartir. Felicitaciones
 
julio 19, 2012
Votos: +0

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